Saturday, July 12, 2008

Peque ñeces

La amiga de un amigo le dijo que ella era de “lavar y planchar”. Y lo dijo con una de esas sonrisas que las mujeres aprenden a dibujar en sus rostros cuando quieren que las veamos pícaramente hermosas.
Escuchar decir eso, es lo mejor que le puede ocurrir a un hombre. Porque uno, en el fondo y en silencio, quisiera que su pareja sea también su cómplice, que es distinto al amigo cómplice –explicó.
Escuchar decir eso es como una incitación a las aventuras compartidas, que es otra cosa que uno quisiera: compartir con su pareja ciertos escenarios –en la ciudad y el campo– y ciertas escenas y ciertos personajes –añadió.
Más pronto de lo esperado, el amigo descubrió que entre las grandes preocupaciones existenciales de aquella joven de “lavar y planchar”, estaban las uñas, el viento que la despeinaba, el pantalón ajustado, el asco de entrar a un café, y algo aún más abrumador para él: si la empanadas, si el sancocho…
–Todas son iguales –me dijo desconsolado.
–Hoy día, no saben lavar ni planchar –añadió.

 

‘Es como si le soplaran a uno en el oído’

Gustavo Tatis Guerra: ¿Cómo es su disciplina de escritor?
Tomás González: Demoré mucho para tener esa disciplina. Esa disciplina la empecé a tener después de los 30 años. Hoy trabajo con un sistema de oficina de 6 de la madrugada a 11 de la mañana.
Gustavo Tatis Guerra: ¿Cuándo siente usted que ha encontrado el tono de una novela?
Tomás González: Es algo raro pero va apareciendo en el primer párrafo. Uno no sabe. Es como si le soplaran a uno en el oído. Cuando uno va definiendo lo que será la historia de su novela, aparece en ese proceso una voz que le da tono a la escritura. Produce una gran alegría la aparición de esa voz que le dará tono. En esa voz nace el tono y la personalidad que tendrá el personaje. Uno sabe por esa voz cómo se va a comportar el personaje. Hay novelas de escritura más lenta, por ejemplo, mi novela Historia de Horacio, tardé 3 ó 4 años escribiéndola porque tenía que oír la narración.
Gustavo Tatis Guerra: ¿Qué autores siguen deslumbrándolos como la primera vez?
Tomás González: Uno de ellos es Juan Rulfo y otro es William Faulkner, a quienes leí hace muchos años y su relectura ha sido una experiencia espléndida. He vuelto a leerlos y me siguen deslumbrando. Tienen un lenguaje que los hace eternos y no termina de agotarse. Rulfo tiene la capacidad de descubrir la belleza del mundo a pesar del horror, y no trata de esquivarlo. Me gusta la música de su prosa, su ritmo poético. Lo asume de manera completa. Faulkner no evita el caos, es selvático y fangoso como el delta del Mississippi. Su línea narrativa no es definida, es como la manigua. Gabriel García Márquez tiene una tristeza profunda en Cien años de soledad, pero es tal la alegría que tiene para escribir, esa alegría Caribe de la que proviene, no le permite que la tristeza salga en primer plano. En cambio, en Rulfo no. La tristeza está en primer plano. En la desolación y en los silencios.
Gustavo Tatis Guerra: ¿Qué significó para usted su tío el escritor y filósofo Fernando González?
Tomás González: Creo que significó la descolonización de la cultura colombiana, lo mismo que García Márquez. Ellos aportaron a esa descolonización de nuestra cultura sometida a Europa. Nos hizo mirar hacia nosotros mismos. Un libro como Un viaje a pie, de Fernando González, es un libro sabio y fresco, de una tremenda vigencia. Uno vuelve a ser joven cada vez que lo lee.

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Periodismo digital colom biano gana el primer Rey de España

Otra vez con esto, pero es inevitable reseñar el triunfo del periodismo digital. Sobre todo, si este reconocimiento es la primera vez que se otorga.
Hablo de la vigésima cuarta edición de los Premios Rey de España. Estos premios son convocados por la española de noticias Agencia Efe, y por la Agencia Española de Cooperación Internacional.
Y en esta oportunidad se premió, por primera vez, un trabajo de periodismo digital. El premio lo obtuvieron Élber Gutiérrez Rosa y Carlos Alberto Arango Ortiz.
Dos colombianos que participaron con el trabajo titulado Caracolí: reportaje al sur de Bogotá (título para nada atractivo, por cierto, pero excelente el video).
Pero ganaron el Premio Rey de España.
En la introducción del trabajo se dice: “Caracolí es un montón de casas tristes e incompletas que se levantan detrás de los cerros orientales de Bogotá en una mezcla de ladrillo, cartón y árboles maderables como el que le da nombre al sector. Se extiende sobre una antigua zona de colinas que a comienzos de los noventa sirvió de refugio para los campesinos que huían del conflicto armado y que hoy alberga 12.000 personas en la zona central y 10 mil más en los barrios aledaños: Santa Viviana, Santo Domingo, Potosí, La Isla, Los Robles y El Oasis”.
El trabajo fue publicado en Semana.com, el 24 de agosto del 2006.
De acuerdo con la reseña, el reportaje digital “refleja los intentos de miles de desplazados por el conflicto armado, para rehacer sus vidas”.
El jurado, encabezado por el presidente de la Agencia Efe, Alex Grijelmo, y con la vicepresidencia del secretario de Estado español de Cooperación Internacional, Leire Patín, lo conformaron Jorge Fontevecchia, Enrique Durand, Trinidad Margades, Julio Escoto y Carlos Loret de Mola.
Para los colegas Élber Gutiérrez y Carlos Alberto Arango, Caracolí es el cerro de la ilusión, donde “más de 22.000 desplazados por el conflicto armado intentan rehacer sus vidas detrás de las montañas que marcan el límite entre Bogotá y Soacha”.
“Cerca del mayor centro de poder de Colombia, pero lejos del Estado que debería protegerlos, se enfrentan al múltiple reto de hacerle el quite a la violencia que los persigue y sobrevivir en tierra ajena sin perder sus raíces”.
El trabajo está dividido en 4 segmentos: Desplazados, Demovilizados, Pequeño Chocó y Semillas de paz.
(Etcétera.)

 

¡Juan Manuel Roca ganó el Lezama Lima!

El poeta medellinense Juan Manuel Roca acaba de ganar el premio ‘José Lezama Lima’ de Poesía, de Casa de las Américas.
No es el Premio Casa de las Américas del que siempre hemos oído hablar. No.
En primer lugar, es bueno precisar que Casa de las Américas es la institución cultural de Cuba que otorga los premios.
Y el Premio Casa de las Américas es un concurso, al que, por lo tanto, los aspirantes a ganarlo envían sus trabajos literarios, en narrativa, poesía y testimonio.
La versión de este año 2007, había sido lanzada el pasado 15 de enero por el bogotano Santiago García, creador y director del teatro La Candelaria, invitado especial.
Pero el que acaba de ganar Juan Manuel Roca no es este.
El Premio ‘José Lezana Lima’, de Poesía, de Casa de las Américas, que acaba de ganar Juan Manuel Roca, es un reconocimiento al trabajo literario en toda una vida de poesía.
Es decir, alguien, a nombre de Juan Manuel Roca, o el propio Juan Manuel Roca, envió una antología de la obra, con el título Cantar de lejanía.
¡Y ganó!
En primer lugar, obviamente, Juan Manuel Roca se declaró “emocionado” por el alto honor, y, enseguida, dijo, sobre Colombia y la poética colombiana: “Un país, que tiene entre sus poetas a Giovanni Quessep, a Darío Jaramillo y al fallecido José Manuel Arango, es un país que tiene mucho que mostrar”.
Así que a todos los demás, que se sientan y se crean poetas, y trabajan como si fueran poetas, deben saber que todavía les falta un trecho por recorrer, un hervor, para ser reconocidos por alguien como Juan Manuel Roca.
Pero Juan Manuel Roca dijo que, en efecto, hay poetas nuevos, cuyas voces, están, todavía, en formación.
¿Ok?
A continuación unos poemas del excelente poeta ganador.

Diario de la noche
A la hora en que el sueño se desliza
como un ladrón por senderos de fieltro
los poetas beben aguas rumorosas
mientras hablan de la oscuridad,
de la oscura edad que nos circunda.
A la hora en que el tren tizna la luna
y el ángel del burdel se abandona a su suerte,
la orquesta toca un aire lastimero.
Una yegua del color de los espejos
se hunde en la noche agitando su cola de cometa.
¿Qué invisible jinete la galopa?

Puertas abiertas
Una puerta
abierta a la noche
y se pueblan los ruidos
las estancias.
Sus rumorosas bisagras
anuncian
alguien llegado de la lluvia
o los pasos de un lento animal
que invade el sueño.
Una puerta, una grieta
abierta en el asombro.

Sueño
El sol fulge entre la fronda
donde los niños duermen
y cruza bostezando un ángel rojo.
Lejos, los patios de vecindad se llenan
de gentes que remiendan el aire
con la aguja de su parla rumorosa.
Alguien siembra un cortejo de astros.
Entre sagrados juegos
y blancas catacumbas,
tú y yo: crisálidas de viento.

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Hay mis celánea

En el foro de Hay Festival sobre los oficios de escribir literatura y de escribir un guión, el argentino Marcelo Birmajer dijo que escribir un guión es un oficio, mientras que la literatura es su vocación.
Y añadió que se nutre hasta de la televisión para su oficio de escritor, pues Los Simpson le sirvieron para narrar mejor la cotidianidad y valorar la importancia de las tragedias menores a la hora de hacer sus novelas.
El español Vicente Molina, quien remarca la independencia de las dos situaciones del escritor, dice: “Prefiero la vida de escritor porque es más tranquila. Aunque reconozco que el cine es un poderoso veneno que no me importaría volver a probar”.
El colombiano Sergio Cabrera es amigo de la especialización en el cine y en la reescritura de los guiones. “Sólo son buenos en cine quienes han leído y vivido mucho“, sentenció.
En todo caso, en cualquier caso, al escribir no se tiene la certeza de la profundidad, ni de lo verdadero, pero sí debe tenerse de hacerse comprender.
A Fernando Gaitán, el del Globo de Oro por su Betty la fea, le preguntaron:
–¿Cuál es la relación entre la literatura y la televisión?
–La telenovela es hija de la literatura –comenzó–. No es la más culta, refinada o sofisticada similitud, pero la telenovela nace de las pasiones que despiertan en los lectores las novelas clásicas de amor como Romeo y Julieta, la misma Cenicienta, Los Miserables, El príncipe y el mendigo y El Conde de Montecristo, por ejemplo.
Y este es un dato del vecindario:
–Las telenovelas nacieron en Cuba, donde los trabajadores de las tabacaleras al final de las jornadas leían novelas clásicas. En principio las telenovelas fueron algo así como las artesanías que reñían con el elitismo de la literatura.
Por último, en Ábacos Libros, en la esquina de Calle de la Mantilla, de la preciosa Cartagena de Indias –donde se desarrolla el Hay Festival– se lanzaron los siguientes libros:
Dionea, de Julio Olaciregui
Ese viejo vino oscuro, de José Luis Garcés González
Cinema Árbol, de Efraim Medina Reyes
Hombres solos en la fila del cine, de John Jairo Junieles
Agar e Ismael, de Naudin Gracián.

 

La palabra escrita

Una lástima no poder estar en Hay Festival. Ayer nomás, Juan José Millas y Elvira Lindo elogiaron el trabajo de Ryszard Kapuscinski, en desarrollo del eterno tema de cuánto puede aportar el periodismo a la literatura y la literatura al periodismo. No sé, pregúntenles a Tom Wolfe y a Germán Castro Caycedo.
Millas y Lindo coincidieron en considerar a Kapusicinski un maestro del periodismo, no de la literatura, pero sí un gran literato desde el punto de vista periodístico. Como quiera que sea, la materia prima del Periodista y del Escritor, es la misma: la palabra, el lenguaje, el idioma, la escritura.
Y ¿quién es Akinwande Oluwole Soyinka? Pues, Wole Sonyinka. ¿Y quién es Wole Sonyinka? El prolífico escritor nigeriano y Premio Nobel de Literatura en 1986, quien también estará en Hay Festival.
Para esta tarde se espera que estén:
Soledad Puértolas (España), Tomás González (Colombia) y Alejandro Oliveros (Venezuela) hablando de “los sentimientos de los personajes”.
Andrés Hoyos, de El Malpensante, hablará con David Mitchell sobre su obra, nominada al Man Booker Prize.
Súper interesante la conversación que tendrá Heriberto Fiorillo, sobre “la escritura de ficción y el oficio de guionista de cine”, con el mexicano Guillermo Arriaga (Amores Perros, 21 Gramos, Babel, El búfalo de la noche), el colombiano Sergio Cabrera (La estrategia del caracol, Perder es cuestión método), el argentino Marcelo Birmajer (El abrazo partido), y el español Vicente Molina Foix (Sagitario).
Leerán sus poemas, Wole Soyinka, Menna Elfyn, Tishani Doshi, Manuel Rivas, Rómulo Bustos Aguirre, Juan Manuel Roca, Efraím Medina, Jaime Manrique Ardila, Luz Mary Giraldo y Alejandro Oliveros.
¿Y qué más? Nada. Para cerrar, por hoy, Bahía Trío-Cali, con su marimba de chonta, los cununos y el bombo.

Poema de Wole Sonyinka:
Viaje
Aunque llegué al final del viaje,
jamás sentí que hubiera llegado.
Tomé la carretera
que sube despacio la cuesta de las preguntas, y que me lleva
incluso a descender a la tierra que conduce a casa. Yo sé
que mi carne está limpiamente mordisqueada, perdida
para el perturbado pez entre las vainas susurrantes.
Yo los dejé atrás en mi ruta.
Y así también con el pan y el vino
necesito la repartición de derrota y carestía.
Yo los dejé atrás en mi ruta.
Jamás sentí que hubiera llegado
aunque amor y bienvenida me atrapan en casa.
Los usurpadores pasan mi copa en cada
banquete como en una última cena.

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El periodismo la mentado

Del polaco Ryszard Kapuscinski se admiraba no solamente que aún usara libreta de notas y lapicero, sino que sus textos fueran periodismo humanizado.
Estar, ver, oír, compartir y pensar eran elementos del periodismo que hacía Kapuscinski (debe estar llorándolo Germán Rey, ya que lo admiraba tanto). Él, que era un eterno reportero de guerra, creía que ésta “empieza antes de las bombas. Empieza con el lenguaje del odio“, el cual evitaba.
En los comentarios a la noticia de la muerte de Kapuscinski, en El Tiempo, alguien que firma Oriana Utrera dice que “este gran hombre es la mejor expresión ética de su época”, lo cual es completamente cierto, pero añade:
“El periodismo moderno, y me perdonan, no es actividad de poetas ni de escritores, sino de unos nuevos seres que giran en torno al mundo de las noticias donde el tiempo, la tecnología y las técnicas de elaboración de los mensajes se globalizan ferozmente”.
Pregunto: ¿Por qué han de reñir la tecnología y la globalización, con la ética?
También quisiera señalar otro elemento que caracteriza la obra de Kapuscinski: la calidad narrativa de sus textos periodísticos.
Kapuscinski era consciente de que había que trabajar en “los dos talleres”, como él llamaba, primero al trabajo machacón del periodismo del día, y segundo la elaboración de textos periodísticos que se pudieran convertir en libros de calidad literaria.
Esto, de un periodismo visto, oído, compartido y pensado, como planteaba Kapuscinski, es algo que cada día encuentra menos espacios en los medios escritos en Colombia.
Creo que resultaría lamentable que esa realidad se profundice, y gris se volvería el mundo si se nos referencia con un lenguaje convertido en mera técnica para transmitir hechos, como lo proclama la lectora de El Tiempo.
En un escenario así, estaríamos incurriendo en lo que, justamente, señaló Kapuscinski como indeseable: “Dejamos de ver el mundo como un fenómeno muy variado, muy complicado, y eso es muy peligroso”.

 

La política del secuestro

¿A este punto hemos llegado? ¿Esta es la actual manera de hacer política? ¿Los congresistas son secuestradores? ¿Está secuestrada la política? ¡Increíble! ¡Por Dios! La revista Cambio cuenta que el ex alcalde de Valledupar, Elías Ochoa, actual cónsul de Colombia en Barquisimeto, Venezuela, hizo llegar a la Corte Suprema de Justicia una carta en la que afirma que el senador Álvaro Araújo Castro y su padre, Álvaro Araújo Noguera, instigaron al paramilitar alias “Jorge 40″ para secuestrar a su hermano Víctor Ochoa, senador suplente de María Cleofe Martínez y aspirante en las elecciones parlamentarias del 2002.
Según esa carta, los Araújo le hicieron saber a Elías, que Juana Ramírez, la ficha electoral del movimiento de su hermano Víctor, debía renunciar a su aspiración a la Cámara de Representantes, y aceptar su inclusión como segundo renglón de la lista de “Alvarito”; esta movida era la condición para que Víctor fuera liberado.
De esta manera, sin contendores, es que Álvaro Araújo Castro resulta tener la más alta votación en el departamento de Cesar, en esa ocasión. ¿Es esto lo que se llama “un hombre de éxito”?

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Trans parentándonos

Autopréstamos por 30 mil dólares realizados por congresistas de Sonora, México; cobro de una coima por parte del alcalde de San José, Costa Rica, para autorizar las operaciones de un relleno sanitario, y los reales móviles del asesinato del fiscal venezolano Danilo Anderson, quien investigaba el fallido golpe de Estado contra el presidente Hugo Chávez fueron tres casos de periodismo de investigación premiados por Transparencia Internacional y el Instituto Prensa y Sociedad, Ipys.
Los dos primeros casos fueron premiados con 5 mil dólares, y el tercero, en realidad el ganador del certamen, con 25 mil dólares.
Ipys y Transparencia Internacional acaban de lanzar la quinta versión. “El premio busca un mejor conocimiento de los procesos de corrupción en los países latinoamericanos, donde los índices de prácticas deshonestas en el Estado y sector privado son muy altos”, dijeron.
En el jurado de esta versión está el colombiano Gerardo Reyes, de El Nuevo Herald; Tina Rosenberg, editorialista de The New Yoirk Times; Michael Reid, editor de The Economist; Marcelo Beraba, ombudsman de Folha de S. Paulo, y Gustavo Gorriti, presidente del Ipys.

También cuéntales a tus amigos periodistas que las bases pueden verse aquí, o aquí.

 

¿Socialismo en Venezuela?

En la foto están los presidentes Evo Morales, Luis Inacio Lula y Hugo Chávez diciéndose cosas en voz baja, casi tocándose con sus cabezas, mientras Álvaro Uribe Vélez, sentado en la misma banca que ellos, voltea a mirar justamente hacia el lado opuesto de sus colegas.
La fotografía es elocuente sobre el estado de cosas entre los mandatarios de la región, que el presidente de Bolivia no tuvo pudores en recalcar en la reciente cumbre del Mercado Común del Sur, Mercosur, cuando exaltó a Cuba, Argentina y Venezuela, en ese orden, y denigró de Colombia.
Hay, claramente, un compadrazgo entre Luis Inacio Lula, Evo Morales, Néstor Kirchner y Hugo Chávez. Y digo compadrazgo, porque tengo la misma inquietud que expresara en estos días el ex guerrillero y ex candidato presidencial venezolano Teodoro Petkoff, sobre lo que está ocurriendo en su país. Razonamiento que, me parece, puede hacerse extensivo a los demás países de la región, ahora considerados socialistas por el presidente Hugo Chávez.
Para comenzar, lo del presidente de Venezuela luce a transposición en el tiempo de la fórmula revolucionaria de los tiempos de Fidel Castro y Ernesto Guevara jóvenes, fusil en mano, en la Cuba de Fulgencio Batista.
El analista chileno Sebastián Edwards, profesor de Economía en la Universidad de California, dice en El Tiempo que lo de Hugo Chávez es el fracasado modelo de un “socialismo autoritario, centralista y burocrático”. Calificativos que es preciso contrastar con la llamada Ley Habilitante que el presidente Chávez está pidiendo aprobación a la Asamblea Constituyente.
Añade Edwards que “para las democracias de la región, Chávez no es otra cosa que una piedra en el zapato”, y sigue: “la mayoría de los votantes latinoamericanos rechazan las políticas de Chávez y su predilección por el circo”.
Sin embargo, la observación de Teodoro Petkoff es de una claridad meridiana. Entrevistado en Globovisión, canal televisivo “opositor al régimen”, el ex candidato presidencial dice que en las pasadas elecciones (que le permiten un tercer período “al ciudadano” Hugo Chávez), la gente votó por la persona de éste, no por ninguna “propuesta ideológica”.
Dice Petkoff que entre “las personas” de Manuel Rosales (a quien él apoyaba) y Hugo Chávez, la gente se inclinó por el segundo.

Pero mal puede, entonces, decir ahora el presidente Hugo Chávez, que Venezuela es “una república socialista”, y el suyo, “un gobierno socialista”.
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La frágil va sija

En una esquina de la ciudad había un local de objetos de arte. Y entre la calle y el frente del local una estatua de cerámica de la deidad budista Kannon, Bodhisttva de la Compasión, representado con forma de mujer, con la altura de una niña de doce años. Cuando el tren pasaba, el gélido cutis de Kannon se estremecía, al igual que el vidrio de la puerta del negocio. Cada vez que yo pasaba por allí, temía que la estatua se cayera. Éste es el sueño que tuve:
El cuerpo de Kannon caía directamente sobre mí.
De pronto Kannon estiraba sus largos y blancos brazos, que hasta entonces pendía a lo largo de su cuerpo, y me envolvía el cuello con ellos. Yo saltaba hacia atrás con desagrado por lo sobrenatural de sus brazos inanimados cobrando vida y por el frío toque de su piel de cerámica.
Sin un ruido, Kannon se rompía en miles de fragmentos al costado de la calle.
Una muchacha recogía algunos de los pedazos. Se detenía un instante, pero rápidamente volvía a juntar los pedazos diseminados, los fragmentos de cerámica reluciente. Su irrupción me tomaba por sorpresa. Y cuando estaba por abrir la boca para ofrecer alguna disculpa, me desperté.
Parecía que todo hubiera sucedido en el preciso instante posterior a la caída de Kannon.
Intenté una interpretación del sueño.
“Honra a la mujer tanto como a la más frágil vasija”. Desde entonces recuerdo este versículo de la Biblia con frecuencia. Siempre establecí una asociación entre una “frágil vasija” y una vasija de porcelana. Y más tarde, entre ambas y la muchacha del sueño.
Nada tan frágil como una joven. En cierto sentido, el hecho de amar representa la caída de una muchacha. Es lo que yo pienso.
Y así, en mi sueño, ¿no estaría la joven recogiendo apresuradamente los fragmentos de su propia caída?

Con solo mencionarlo bastaría para saberse que hablamos de gran literatura: Yasunari Kawabata (1899–1972). Pero es necesario, sin embargo, decir que nació y vivió en Japón, que obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1968 y que otro grande, Yukio Mishima, fue discípulo suyo, para que cualquiera que lea esto tenga algunas precisas referencias sobre él. Como su discípulo, el maestro también se suicidó. Dos de sus obras que me encantan: Una grulla en la taza de té y Lo bello y lo triste, pero me temo que ahora son tres, pues debo incluir a Historias en la palma de la mano, a la que corresponde el texto de este post.

 

Escritores y no escritores: ¡A escribir!

Acaba de ampliarse, hasta el 31 de marzo, el plazo para enviar los relatos a Bogotá por Bogotá, que inicialmente se había establecido hasta el pasado lunes 15 de enero.
Bogotá por Bogotá es una convocatoria del Fondo de Promoción de la Cultura, que busca testimoniar la vida urbana de la capital.
Se trata de escribir un relato de hasta 600 palabras, sobre algo que nos haya marcado y tenga por escenario Bogotá.
Se espera que lleguen muchas historias, verdaderas y espontáneas sobre animales, objetos, familias, disparates, cosas extraordinarias, guerra, amor, muerte, sueños y meditaciones, por mencionar algunos temas.
Un jurado escogerá un cierto número de relatos y con ellos se publicará un libro en agosto próximo, mes de cumpleaños de nuestra hermosa Bogotá.
Así que todos, papel y lápiz, e involucrémonos con Bogotá por Bogotá. El material puede enviarse:
A: por correo-e a: bogotaporbogota@gmail.com
B: al Fondo de Promoción de la Cultura:
Cra. 6 No.7-43 Santafé de Bogotá D.C., Colombia
C: puede hacer una grabación sonora del relato, en el Museo Arqueológico–Casa del Marqués de San Jorge, Cra. 6 Nº 7-43, y los seleccionados se emitirán en el programa de radio Vasos Comunicantes, que es un proyecto del Fondo de Promoción de la Cultura, British Council y UN Radio.
Quienes enviaron sus trabajos antes del 15 enero, pueden verificar aquí, si efectivamente fueron recibidos.
En esta lista noto que hay varios que enviaron más de un relato, como Lucía Hernández, Gilberto Roncancio Guzmán, Walter Ruiz Nieto, Adriana Téllez, Patricia Bernal Ospina, Fernando Cortés Quintero y Germán Rodrigo Guerrero Melo.
También noto dos amigos blogueros: Mauricio Duque Arrubla (En medio del ruido) y Javier Moreno (Blue elephant).

Entonces, escritores y no escritores: ¡A escribir!
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Diá logo

(Lo escuché)

–¿Qué haces?
Y estirando la mano con los billetes, respondió:
–Estoy comprando mi perdón.
–­Hoy no se venden indulgencias.
–¿Entonces iré al infierno?

 

Los hombres que están de más

Son las siete de la noche. Un día caluroso del mes de junio. Del apeadero de Hilkobo, una multitud de personas que ha llegado en el tren se encamina a la estación veraniega. Casi todos los viajeros son padres de familia, cargados de paquetes, carpetas y sombrereras. Todos tienen aspecto cansado, hambriento y aburrido, como si para ellos no resplandeciera el sol y no creciera la hierba.
Entre los demás anda también Davel Ivanovitch Zaikin, miembro del Tribunal del distrito, hombre alto y delgado, provisto de un abrigo barato y de una gorra desteñida.
–¿Vuelve usted todos los días a su casa? –le pregunta un veraneante, que viste pantalón rojo.
–No; mi mujer y mi hijo viven aquí, y yo vengo solamente dos veces a la semana –le contesta Zaikin con acento lúgubre–. Mis ocupaciones me impiden venir todos los días y, además, el viaje me resulta caro.
–Tiene usted razón; es muy caro –suspira el de los pantalones rojos–. No puede uno venir de la ciudad a pie, hace falta un coche; el billete cuesta cuarenta y dos céntimos…; en el camino compra uno el periódico, toma una copita… Todo son gastos pequeños, cosa de nada, pero al final del verano suben a unos doscientos rublos. Es verdad que la Naturaleza cuesta más; no lo dudo… los idilios y el resto, pero con nuestro sueldo de empleados, cada céntimo tiene su valor. Gasta uno sin hacer caso de algunos céntimos y luego no duerme en toda la noche… Sí… Yo, señor mío, aunque no tengo el gusto de conocer su nombre y apellido, puedo decirle que percibo un sueldo de dos mil rublos al año, tengo categoría de consejero y, a pesar de esto, no puedo fumar otro tabaco que el de segunda calidad, y no me sobra un rublo para comprarme una botella de agua de Vichy, que me receta el médico contra los cálculos de la vejiga.
–En efecto; todo está mal –dice Zaikin después de una pequeña meditación–. ¿Quiere saber usted mi opinión? El veraneo ha sido inventado por las mujeres y el diablo. Al diablo lo guiaba su maldad y a las mujeres su ligereza. ¡Usted comprenderá que esto no es una vida! ¡Esto es un presidio! Hace calor, está uno sofocado, respira con dificultad y, no obstante, tiene que zarandearse como un alma en pena y carecer casi de albergue. Allá en la ciudad no quedan ni muebles ni servidumbre… Todo se lo llevaron al campo… Hay que alimentarse pésimamente. Imposible tomar el té, porque no se encuentra quién encienda el samovar. Yo no me lavo. Vengo aquí, al seno de la Naturaleza, y me cabe el gusto de andar a pie con este calor… ¡Una porquería! ¿Está usted casado?
–Sí… Tengo tres hijos… –responde el del pantalón rojo.
–¡Abominable!… Es asombroso. Parece increíble que aún estemos vivos. Al fin, los veraneantes llegan hasta la aldea. Zaikin se despide del de los pantalones rojos y entra en su casa, donde reina un silencio mortal. Se oye solamente el zumbido de las moscas y de los mosquitos.
Delante de las ventanas cuelgan visillos de tul, ante los cuales se ven macetas con flores marchitas. En las paredes, de madera, al lado de las oleografías, dormitan las moscas. En la antesala, en la cocina, en el comedor, no hay alma viviente.
En la habitación, que sirve al mismo tiempo de sala y de recibidor, Zaikin encuentra a su hijo Petia, chicuelo de seis años. Petia está muy absorto en su trabajo. Recorta la sota de un naipe, avanza el labio inferior y sopla.
–¿Eres tú, papá? –le dice sin volver la cabeza–. ¡Buenos días!
–¡Buenos días!… ¿Dónde está tu madre?
–¿Mamá? Ha ido con Olga Cirilovna a un ensayo. Habrá representación pasado mañana. Me llevarán a mí también… ¿Y tú, irás?
–Hum… ¿No sabes cuándo volverá tu madre?
–Dijo que volvería al ser de noche.
–Y Natalia, ¿dónde está?
–Mamá se la llevó para que le ayudara a vestirse en los entreactos, y Alculina se fue a buscar setas al bosque. Papá, ¿por qué cuando los mosquitos pican, el vientre se les pone encarnado?
–No sé… Porque chupan la sangre. ¿De modo que no hay nadie en casa?
–Nadie. Yo sólo estoy en casa.
Zaikin se sienta en una butaca y mira como atontado por la ventana. Transcurren algunos momentos.
–¿Quién nos servirá la comida? –pregunta.
–Hoy no han hecho comida. Mamá pensó que tú no vendrías y dispuso que no se guisara. Ella comerá con Olga Cirilovna después del ensayo.
–Muchas gracias. Y tú, ¿qué has comido?
–Tomé leche. Me compraron seis céntimos de leche. Papá, ¿por qué chupan la sangre los mosquitos?
Zaikin siente una pesadez que le encoge el hígado y lo aprieta.
Experimenta tal amargura y tal ofensa que quisiera saltar, tirar algo al suelo, gritar, reñir. Pero recordando que los médicos le prohibieron toda agitación hace un esfuerzo, y para calmarse se levanta silbando un aire de Los Hugonotes.
–Papá; ¿tú sabes…? –insiste Petia.
–¡Déjame en paz con tus tonterías! –responde Zaikin enfadado–. Me fastidias. Tienes seis años y eres siempre tan majadero como cuando tenías tres. ¡Eres un chiquillo tonto y malcriado! ¿Por qué estropeas los naipes? ¿Cómo te atreves a estropearlos?
–¡Estos naipes no son tuyos! Es Natalia la que me los dio –replica Petia sin levantar la vista.
–¡Mientes! ¡Mientes, mal muchacho! –exclama Zaikin–. Tú mientes siempre. ¡Hay que darte una paliza, gaznápiro! ¡Te arrancaré las orejas!
Petia salta, alarga el cuello y mira fijamente la cara purpúrea e irritada de su padre. Sus grandes ojos están muy abiertos, luego se llenan de lágrimas y su boca se tuerce.
–¿Por qué me riñes? –chilla con voz aguda–. ¿Por qué me fastidias? ¡Estúpido! No hago nada malo, no soy travieso, obedezco lo que me ordenan y tú todavía gritas. Di, ¿por qué me riñes?
El niño habla con tanta convicción y llora tan amargamente que Zaikin se avergüenza.
–Tiene razón –piensa–; le busco las cosquillas. ¡Basta!… ¡Basta! –le dice golpeándolo en el hombro–. Anda, Petia, yo tengo la culpa; dispénsame. Tú eres un buen chico y te quiero mucho.
Petia se enjuga los ojos con la manga, vuelve a sentarse en su sitio y, con un suspiro, reanuda su tarea de recortar la sota. Zaikin se marcha a su gabinete, se extiende en el sofá y, colocándose las manos debajo de la cabeza, se pone a reflexionar. Las lágrimas del niño calmaron sus nervios, y el hígado se le alivió también. Pero el hambre y el cansancio lo acosan.
–¡Papá! –dice Petia detrás de la puerta–. ¿Quieres ver mi colección de insectos?
–Sí, tráela.
Petia entra y enseña a su padre una larga cajita verde. Zaikin oye de lejos un zumbido desesperado y el rascar de las patitas sobre las paredes de la caja.
Al levantar la tapadera ve una multitud de mariposas, escarabajos, grillos y moscas clavadas en el fondo con alfileres. Todos, a excepción de dos o tres mariposas, están vivos y se mueven.
–El grillo vive aun –dice con asombro Petia–; ayer lo cogimos y hasta ahora no se ha muerto.
–¿Quién te enseñó a clavarlos así? –le interroga Zaikin.
–Olga Cirilovna.
–Si la clavasen a ella misma así, ¿qué tal le parecería? –añade Zaikin con repugnancia–. ¡Llévatelos! ¡Es vergonzoso martirizar así a los animales! ¡Dios mío, qué mal criado está! –piensa cuando Petia desaparece.
Povel Matreievitch olvida su cansancio y hambre y no piensa sino en el porvenir de su hijo. Entretanto, la luz del día va extinguiéndose poco a poco…; se oye cómo los veraneantes tornan de los baños por grupos.
Alguien se para delante de la ventana abierta del comedor y grita:
–¿Desea usted setas?
Al cabo de un rato, no habiendo recibido contestación, se advierte el rumor de pies descalzos que se alejan… Por fin, cuando la oscuridad es casi completa y por la ventana entra el fresco de la noche, la puerta se abre ruidosamente y se oyen pasos apresurados, voces y risas…
–¡Mamá! –exclama Petia.
Zaikin mira desde su gabinete y ve a su mujer. Nodejda Steparovna está como siempre, sonrosada, rebosando salud… La acompaña Olga Cirilovna –una rubia seca, con la cara cubierta de pecas– y dos caballeros desconocidos: uno joven, largo, con cabellos rojos rizados y la nuez muy saliente; el otro, bajito, rechoncho, con la cara afeitada.
–Natalia, ¡encienda el samovar! –grita Nodejda Steparovna–. Parece que Povel Matreievitch ha llegado. Pablo, ¿dónde estás? ¡Buenos días, Pablo! –grita de nuevo. Entra corriendo en el gabinete–. ¿Has venido? ¡Me alegro mucho! Tengo conmigo dos de nuestros artistas aficionados… Ven, te voy a presentar. Aquél, el más alto, es Koromislof; tiene una voz magnífica; y el otro, el bajito, es un tal Smerkolof, un verdadero artista; declama que es una maravilla. ¡Ah, qué cansada estoy! Fui al ensayo… Todo está perfecto… Representaremos El huésped con el trombón y Ella le espera… Pasado mañana tendrá lugar el espectáculo.
–¿Para qué los has traído? –pregunta Zaikin.
–¡Era indispensable, lorito! Después del té hemos de repetir los papeles y cantar alguna que otra cosa. Tendremos que cantar un dúo con Koromislof… ¡No faltaría más sino que lo olvidara! Di a Natalia que traiga aguardiente, sardinas, queso y algo más. Seguramente se quedarán a cenar… ¡Qué cansada estoy!
–¡Cáspita!… El caso es que no tengo dinero.
–¡Imposible, lorito! ¡Qué vergüenza! ¡No me hagas ruborizar!
Media hora más tarde Natalia sale a comprar aguardiente y entremeses.
Zaikin, después de haber tomado el té y comido un pan entero, se va al dormitorio y se acuesta. Nodejda Steparovna, con risas y algazaras, empieza a ensayar sus papeles. Povel Matreievitch escucha largo rato la lectura gangosa de Koromislof y las exclamaciones patéticas de Smerkolof.
A la lectura sigue una conversación larga, interrumpida a cada momento por la risa chillona de Olga Cirilovna. Smerkolof, aprovechando su fama de actor, explica con aplomo los papeles. Luego se oye el dúo, y más tarde, el ruido de vajilla… Zaikin, medio dormido, oye cómo tratan de convencer a Smerkolof para que declame “La pecadora”, y después de hacerse rogar mucho, consiente, y declama golpeándose en el pecho, llorando y riendo a la vez… Zaikin se acurruca y esconde la cabeza bajo las sábanas para no oír.
–Tienen ustedes que andar lejos para volver a su casa –observa Nodejda Steparovna–. ¿Por qué no pernoctan aquí? Koromislof dormirá en el sofá y usted, Smerkolof, en la cama de Petia… A Petia lo ponemos en el gabinete de mi marido… ¿Verdad? ¡Quédense ustedes!
Cuando el reloj da las dos todo queda silencioso… La puerta del dormitorio se abre y aparece Nodejda Steparovna.
–¡Pablo! ¿Duermes? –dice en voz baja.
–No. ¿Qué quieres?
–Ven, querido mío; acuéstate en el sofá, en tu gabinete; en tu cama se acostará Olga Cirilovna. La hubiera puesto a ella en el gabinete; pero tiene miedo de dormir sola. ¡Anda, levántate!
Zaikin se incorpora, viste la bata, y cogiendo su almohada se dirige hacia su gabinete… Al llegar a tientas hasta el sofá enciendo un fósforo y ve que en el diván está Petia. El niño no duerme, y fija sus grandes ojos en el fósforo.
–Papá, ¿por qué los mosquitos no duermen de noche?
–Porque…, porque… –murmura Zaikin– porque nosotros, tú y yo, estamos aquí de más…; no tenemos ni dónde dormir.
–Papá, ¿y por qué Olga Cirilovna tiene pecas en la cara?
–¡Déjame; me fastidias!
Zaikin reflexiona un poco, y luego se viste y sale a la calle a tomar el fresco… Mira el cielo gris de la madrugada, contempla las nubes inmóviles, oye el grito perezoso del rascón, y empieza a imaginarse lo bien que estará cuando vuelva a la ciudad, y, terminadas sus tareas en el Tribunal, se eche a dormir en su casa solitaria…
De repente, al volver de una esquina, aparece una figura humana.
”Seguramente el guardián”, piensa Zaikin.
Pero, al fijarse, reconoce al veraneante del pantalón rojo.
–¡Cómo, no duerme usted? –le pregunta.
–No puedo –suspira el del pantalón rojo–. Disfruto de la Naturaleza… Tenemos huéspedes; en el tren de la noche ha llegado mi suegra…, y con ella mis sobrinas…, jóvenes muy agraciadas. Estoy muy satisfecho…, muy contento…, a pesar de… de que hay mucha humedad…
¿Y usted también, disfruta de la Naturaleza?
–Sí… –balbucea Zaikin–. Yo también disfruto de la Naturaleza… ¿No conoce usted, aquí, en la vecindad, algún restaurante o tabernita?
El de los pantalones rojos levanta los ojos hacia el cielo y se queda reflexionando.

ANTÓN CHEJOV, considerado uno de los grandes de la literatura rusa y universal, nació en 1860 y murió en Alemania en 1904, de tuberculosis. Sus primeros escritos los firmó con el seudónimo Antosha Chejonte. Se graduó en Medicina, pero nunca dejó de escribir. A los 26 años ya era notable cronista de su Rusia contemporánea. Tres obras de teatro suyas se siguen montando en distintos teatros –comerciales o experimentales– del mundo entero: El tío Vania, Las tres hermanas y El jardín de los cerezos.

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Man glares

Suelen presentarlo como “escritor colombiano radicado en Nueva York”, a Tomás González, quien ahora vive en Chía y de quien se dice que se publicará otra novela titulada Regresa Abraham, y también de quien tomamos lo siguiente del inédito poemario Manglares.

II
Sonido del tren sobre los rieles,
íbamos cruzando las sabanas
en plena medianoche.
Por las ventanas entraba la frescura
del viento, un acre olor a ACPM
y el resplandor de la luna.
De no haber tren, de haber estado quieto,
habríamos oído los grillos en el pasto,
los búhos en los árboles,
el murmullo del aire en la espesura.
Pero no estábamos quietos.
Rápidos.
Y entre el vagón, clac, clac,
hace veinte años,
venían pasajeros hoy disueltos
(como tales)
soñando por las sabanas del Cesar
que se iban veloces bajo el tren,
bajo los rieles,
y por el tiempo mismo de sus cuerpos.

IV
El hígado se pierde como el humo
bajo un ramalazo de viento.
Los pulmones se hacen agua, tierra,
viento.
Se pudre el corazón, abriéndose en
libélulas, avispas, matorrales.
Se desmontan los oídos.
Se destejen las mejillas.
Son devueltos los cristales, son devueltos
los calcios y las sales
mientras soles, muchos soles,
no han dejado de brillar para otras vidas.

XXI
Los ancianos rusos emigrados, gorros de caucho,
movimientos sosegados,
nadan en el helado mar de Coney Island.
Cuando salen del mar, sus cuerpos viejos
no tiemblan: sólo por la lentitud sabemos
que el tiempo de la disolución ya no está lejos.
En el horizonte hay veleros; en el aire, helicópteros, aviones.
En la playa hay despojos de cangrejos.
En las piedras del tajamar se aferran los borrosos

caracoles.

 

Tomás González rompería el hilo

La idea de que no importa matar un mundo para pulir un verso, siempre pareció un despropósito mayúsculo.
No recuerdo de quién es, aunque suelo adjudicársela a Guillermo León Valencia, sí, el poeta payanés de los lánguidos camellos que con sus cuellos recogidos, e hinchadas las narices, a grandes pasos miden un arenal de Nubia.
Despropósito porque no es posible sobrevalorar lo retórico frente a lo real, el significado frente al significado, el continente frente al contenido.
Sería tanto como “quedarse en la forma”, o sea, considerar “lo inferior”, justo cuando para entonces alguien había dicho que en literatura, en particular la prosa, “lo importante es la historia”. Pero este axioma parece tener unas tonalidades.
Así había sido, pues. Sin embargo, sigo siendo un fanático del idioma, de nuestro idioma español, y no solamente bien escrito, sino bien hablado; como quien dice, un fanático del significante.
Y acabo de tener una doble sorpresa al respecto.
En primer lugar, volver a saber de un escritor que me parece fascinante en su única obra que le he leído, Para antes del olvido. Se llama Tomás González, y se anuncia que estará el 25 de enero en Hay Festival.
Y asociada a Tomás González es la segunda sorpresa, pues tiene que ver con una afirmación suya en El Espectador. Sobre el arte de escribir, dice: “El tono, la musicalidad, es lo más importante para mí. Que no haya sonidos desagradables”. Es decir, “lo más importante” es el continente.
Es más: aunque en una narración se requieren las dos cosas en equilibrio –lo dicho y la forma de decirlo–, una apoyando a la otra, Tomás González no tiene rubor en afirmar: “Si no hubiera más remedio que tener un defecto grande, yo rompería el hilo narrativo”, para quedarse, seguramente, con el tono, la musicalidad, los sonidos agradables.
Quizás esto suene a sacrilegio para algunos, pero me agrada que se ocupe del idioma con semejante pasión. Y no debería sorprender la declaración de Tomás González, si consideramos lo poética que es Para antes del olvido, desde un comienzo, desde la ensoñación en el columpio.
Supe que lo querían escuchar en Buenos Aires, y también el peruano Iván Thays se refirió al gusto de poder contar con su presencia en Lima. Lo buscan, porque su obra es de excelencia. Además de Para antes del olvido, otras son: La casa del abuelo, La historia de Horacio y El rey del Honka Monka.
Pero aquello resultó imposible, porque Tomás González es hermético, tímido, quitado de ruido mediático.
Pero ahora se asegura que estará en el Hay Festival.

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¿Quién podrá ayuda rme?

Me hizo mucha gracia oírlo decir:
–Y a mí, que soy ateo y madrugo, ¿quién podrá ayudarme?

 

Y Antonio Skármeta, ¿cómo lo hace?

El escritor de Il postino, el chileno Antonio Skármeta, revela que tiene una novela en elaboración, inspirada en una pequeña población del sur de Chile llamada Contulmo, y es todo lo que adelanta.
Cuenta que entre su quehacer está cooperar con el español Fernando Trueba para la filmación de una historia suya, El baile de la victoria, que se hará en septiembre próximo.
Su historia del cartero de Neruda, Il postino, le sigue dando satisfacciones. Se convertirá en un musical londinense, al cual le compondrán 25 canciones, de las que ya están listas 15 de ellas.
El cartero, también se está convirtiendo en ópera, a cargo del mexicano Daniel Catán, la cual serviría a Plácido Domingo para despedirse del canto, según dice Antonio Skármeta, cosa que podría ocurrir en el 2009, cuando la obra esté sobre las tablas.
Cuenta que también está escribiendo canciones para el cantante brasileño Toquinho, quien las musicalizará.
Y aparte de su agenda laboral, siempre ha sido interesante saber “cómo lo hacen” los escritores, y en este caso, ¿cómo lo hace Antonio Skármeta?
Se sabe que algunos escritores madrugan a las 4 de la mañana y escriben en ese silencio, otros se sientan a escribir hacia el mediodía y se detienen con el crepúsculo, otros cumplen horario de oficina, y otros escriben a partir de las 8 de la mañana sin mucho rigor. En fin.
Eso, para no entrar en los detalles sobre que uno escribía con un florero alto y delgado con una rosa amarilla dentro, otro fuma como un condenado y ella, la escritora, contaba que escribía sin importarle que la interrumpieran para preguntarle si le ponen cabellos de ángel al arroz.
Con relación a “su método”, Antonio Skármeta, cuenta:
“No hago bosquejos. Más bien dejo que mis emociones y turbaciones me conduzcan.
“En ese sentido mi plan como narrador es anti–intelectual, porque creo que la racionalidad, las ideas, son la película más externa y a veces la más débil de la experiencia humana.
“Escribo hasta que algo auténtico de mí, algo no controlado por la cultura o la racionalidad, se ha expresado.

“Esa es una primera etapa, la segunda es aplicar la técnica narrativa para que emocione y entretenga”.
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Ofensiva de cal idad en Wikipedia

Alemania decidió no esperar más para avanzar en el mejoramiento de contenidos de la enciclopedia libre Wikipedia.
Para el efecto, los estudiantes del Instituto de Ciencias Bibliográficas, de la Universidad de Maguncia, se ocuparán de mejorar los 523.000 artículos existentes en alemán, y adicionar nuevos textos.
Hoy Wikipedia también cuenta con un millón 566 mil artículos en inglés y 186 mil en español.
El procedimiento es que cada estudiante asume un tema, que elaborará autónomamente. Al concluir este primer semestre del 2007, los estudiantes recibirán un certificado de estudios por los artículos entregados, los cuales pasan a integrar Wikipedia alemana.
En principio, se trata de temas bibliográficos, y “si los resultados son positivos, intentaremos seguramente transferir el proyecto a otras áreas”, dijo Mathias Schindler, quien lidera el trabajo.
En Wikipedia, apreciable herramienta de información, “las contribuciones permanecen como propiedad de los creadores y editores, mientras la Licencia de Documentación Libre asegura el carácter de libre distribución y reproducción de los artículos”.
Recientemente Wikipedia sufrió una “crisis de contenidos”, lo que golpea seriamente su credibilidad, debido a que los documentos se aceptaban en la red sin revisión previa. Por eso, viene bien el proyecto alemán de una “ofensiva de calidad”, como lo llamó Mathias Schindler.

Y tú, ¿cómo consideras hoy la calidad de los contenidos que consultas en Wikipedia?

 

Pedro de Ursúa y William Ospina

Pedro de Ursúa fundó Pamplona, pero ni el recuerdo de este hecho, ni el de que fuera gobernador de Santa Fe de Bogotá dan lustre a una existencia junto a la de Sebastián de Belalcázar, Pedro de Heredia y Gonzalo Jiménez de Quesada que transcurrió en el completo fracaso.
Un perdedor inmejorable, que formó parte de la fascinación de aquel traumático proceso de la Conquista de América, y mereció la atención y pluma de un magnífico ensayista y narrador: el tolimense William Ospina, con cuya historia hace su primera novela.
Lo que sigue es un fragmento de Ursúa –que es como se llama la novela–, una chispa iniciadora solamente. Esta brevísima reseña, del segundo libro más vendido en Colombia en el 2006, va en correspondencia con una observación de Tuor, sobre que estamos en deuda con la lectura de la literatura nacional. Y él lo comprende bien, como quiera que es declarado lector obsesivo del surafricano J.R.R. Tolkien.
Fragmente de Ursúa:

Poco después el emperador dictó una carta dirigida a un monasterio lejano, que fue llevada por sus estafetas con la prontitud necesaria, y de esa carta emergió un extraño visitante que varias semanas después vino a las puertas del palacio. Era un hombre alto y desgarbado, de gran cabeza, de cuerpo breve y de larguísimas piernas, en quien todo traje parecía una improvisación, y que insinuaba, visto de lejos, la silueta de una garza. Caminaba dando largas zancadas, sus brazos y sus piernas parecían excesivos comparados con su tronco, casi movía a risa verlo en su capa negra, pero nadie podía reír cuando lo miraban sus ojos luminosos y concentrados, ardiendo en ese rostro de gran nariz y de gran dignidad. Era el obispo La Gasca, clérigo de Navaguerilla, y antiguo comisionado de la Inquisición en Valencia, a quien Carlos V había conocido tiempo atrás y a quien le debía servicios de extrema lealtad. Altos validos de la corte decían que había salvado una vez la vida del emperador, pero aquel hombre duro y austero no tenía ninguna pretensión cortesana, y vivía concentrado en asuntos de su abadía, cerca de Salamanca, deseoso de sólo dedicarse al estudio y a la meditación.
“Lo más probable es que en las Indias no haya nada que hacer”, dijo el emperador, “pero lo que sea posible lo hará La Gasca”. Francisco Vargas, el secretario imperial, le preguntó qué conocimientos de gobierno, de finanzas o del arte militar tenía el obispo. “Tal vez ninguno”, respondió el emperador, “pero basta ver sus ojos para saber que podría improvisar un imperio y gobernarlo mejor que yo mismo. Y a esa extraña virtud se añaden una falta absoluta de ambición mundana y un sentido profundo del honor y de la lealtad”. El emperador y La Gasca estuvieron reunidos la tarde entera. Enviados del Perú les informaron en detalle las circunstancias de la rebelión de Pizarro y sus hombres, la situación del virreinato ocupado por varones violentos y ociosos, la pretensión sacrílega de formar un reino de encomenderos desprendido de la tutela imperial, y la locura final de los Pizarro, convencidos de que eran más que sus reyes por haber sometido en breve tiempo una región tan dilatada y tan rica. La Gasca escuchó con atención e hizo pocas preguntas. No adivinaba cuál era el propósito del emperador, y asumió que a lo mejor quería un consejo de teólogo y de moralista sobre la conducta de sus súbditos rebeldes.
“No es la primera vez que los españoles se rebelan contra la Corona”, dijo en algún momento. “Alteza: tu padre, Felipe, fue rechazado por las cortes cuando desembarcó con sus hombres de pelo rojo, y tú mismo estuviste a punto de ser obligado a enunciar a la Corona imperial para que fueras sólo rey de la península”. Formuló algunos consejos generales sobre el tipo de legislación que se debía imponer en el Perú, sobre el trato que merecían los rebeldes y sobre la guerra que se debía emprender contra ellos. Carlos V le confesó sus dificultades: la armada imperial estaba en ruinas, derrotada por el viento y las olas; le pintó la media luna sobre las iglesias de Hungría; le habló de los trigales de Suabia incendiados por las hachas de Francisco I; del fortalecimiento de los moros en el Mediterráneo, de la difícil campaña italiana, de los conflictos en el reino de Nápoles, y sólo pasó por alto las reticencias del Papa, que había desaconsejado la campaña de Argel y se sentía reforzado en su solio. Finalmente mencionó los costos de sus continuos desplazamientos por ese reino convulsivo de llanuras heladas y gargantas de niebla, de castillos asediados en los pinares alemanes y de flotas combatidas por los temporales del Mediterráneo. De todo ello debía concluirse que no había recursos para costear una campaña en las Indias. El hombre de las piernas largas argumentó a Carlos que el poder de su nombre era tan grande, que bastaría invocarlo para que muchos soldados temerosos de Dios se arrojaran en defensa de su majestad.
“Además”, dijo, “en esas tierras distantes los hombres necesitan más que aquí los consuelos de la Corona y del papado. Los rodean leguas de soledad y de misterio, gentes que no conocen a Dios, selvas sin templos. Abandonar la tutela del trono y el manto de la Virgen será como hundirse en un agua de espanto”.
El emperador confirmó su presentimiento de que nadie mejor que La Gasca podría enfrentar el desafío de los encomenderos rebeldes, y le anunció su decisión de nombrarlo representante suyo en el Nuevo Mundo para restablecer la paz y el sometimiento a la Corona. El hombre de las piernas largas lo escuchó en silencio y quienes lo veían no supieron describir jamás su reacción. Si fue de sorpresa, fue todavía más de concentración, y en ninguno de sus gestos o de sus frases mostró la vanidad que habría sentido casi cualquier miembro de la corte si el emperador le ofreciera de pronto un poder incalculable sobre la mitad de su imperio. Si le hubieran pedido que administrara una pequeña provincia de Castilla o de Flandes, a lo mejor habría asumido la tarea con la misma gravedad. Y al parecer ni siquiera se extrañó cuando el emperador le dijo que lo único que podría darle para cumplir esa vasta misión era un barco y un título como enviado imperial. “¿Qué autoridad legal puede conferirme?”, preguntó el obispo. Y Carlos V, que tenía dolor en el vientre, y que sabía que todo estaba perdido, le dijo: “La que quieras, La Gasca. Serás delegado del emperador, brazo y martillo de su Majestad, voz de la voluntad de la Corona, administrador con todos los privilegios del poder imperial en el Nuevo Mundo, presidente con mando sobre todas las autoridades. Lo que se pueda hacer en nombre de Carlos, debes hacerlo”. Y el hombre que parecía una garza negra salió del palacio del emperador provisto sólo de una carta con el pesado lacre de los documentos solemnes, pero firmada por la mano fatal que empujaba montañas y calcinaba ciudades.

Quien desee leer un poco más de Ursúa antes de comprar el libro, puede hacerlo aquí.
Posted by marcas_c in 09:01:29 | Permalink | No Comments »